Para empezar el año con buen pie y ser fiel a los blogs personales, he decidido que mi primer artículo de 2012 sea más personal que ningún otro. Sì, sé que las historietas debería dejarlas para dentro de 50 años, pero si Justin Bieber tiene su biografía… ¿por qué yo no? :p
Se dice que todos los inicios tienen su encanto, al mio como Community Manager le tengo especial cariño…
Partimos del inicio, a pesar de coleccionar desde pequeña faldones y robapáginas de las revistas, entré en la primera promoción de Economía y Periodismo. En 2006 me fui de Erasmus a Roma, donde conocí por mi compañera de piso belga Facebook (al cual estaba ella viciadísima) y que se convirtió en mi medio de comunicación con mis vecinos y amigos del resto de Europa. Recuerdo que por aquel entonces casi nadie de mi entorno lo tenía, pero entré en una asociación de estudiantes Erasmus que utilizaban la red para difundir las actividades y me acostumbré a utilizarla para todo.
Al poco de terminar la carrera, llevando ya seís becas a la espalda, entré con contrato en una agencia de comunicación y marketing. Empecé en el primer área pero tal era mi interés por aprender de la segunda que terminé llevando cuentas de marketing. Realmente aprendí mucho sobre analytics, adwords y “vender” reportajes. Como mi jefe me consideraba “friki de Internet” decidió que, además de las fan pages en Facebook, me creara una cuenta en Twitter y subiera allí nuestros contenidos. Estamos hablando de 2008, época en la que personalmente no conocía a nadie que me pudiera dar un consejo práctico de la red de microbloggins. Mi primera impresión fue que Twitter era un sitio para egocéntricos que hablaban sólo de si iban al baño o a tomar un café, la sorpresa fue descubrir que compartía intereses con gran parte de la gente que encontraba allí. Aún recuerdo cómo me costaba que la gente me siguiera, tarde meses en alcanzar los primeros 50 seguidores!
Mi interés por Facebook, Twitter y Youtube como herramientas fue aumentando, hasta el punto de aprovechar los ratos libres y en casa para darle a las cuentas un toque más corporativo y seguir investigando. Un día, escribiendo un artìculo sobre las nuevas profesiones 2.0 leí un reportaje sobre los Community Managers. Pensé: vaya, si esta profesión lleva mi nombre! Así que decidí mandar mi CV a todas las agencias a las que entrevistaron en el reportaje y a seguirles en Twitter.
A los pocos meses recibí un correo del gran @Fanego, de Territorio Creativo, diciendo que Unience buscaba un CM. Por aquel entonces yo tenía todo planeado para irme a vivir a Dublìn, pero finalmente me decidí a enviar mi CV y fue una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida
Una vez en Unience, @VicenteVaro me enseñó herramientas como Hootsuite (gran descubrimiento, por cierto), u otras para hacer seguimiento, como Twitter Counter. Además, por primera vez podía ir a eventos del sector y conocer en persona a otros profesionales.
A día de hoy puedo afirmar que:
Por último, puedo afirmar que me siento afortunada de dedicarme a lo que me gusta y, además, hacerlo en la primera red social financiera. Gracias @VicenteVaro por hacerlo posible
La aparición del entorno Social Media ha abierto nuevas vías de comunicación y ha mejorado las herramientas para compartir contenidos relevantes. Esto nos ha llevado a una nueva forma de entender la relación entre el usuario de Internet y la información, desde el momento en que se genera hasta que es procesada y compartida.
Esta evolución es realmente positiva, pero ha traido al mismo tiempo un cambio en el orden de prioridades. Así, mientras que antes la importancia radicaba sobre todo en la novedad e interés del contenido, hemos llegado a un momento en el que parece ser más importante un títular retuiteable.
Prueba de lo anterior es la incipiente aparición de artículos prededidos de “10 claves”, “5 consejos”, “8 trucos”, “3 estrategias”,… pamplinas, en mi opinión son contenidos que siempre hablan de lo mismo y están basados en el mero sentido común.
Pero entonces, ¿por qué se utilizan tanto estos recursos? Hace poco estaba hablando con un especialista en SEO y le formulé esta misma pregunta, su respuesta fue clara: porque este tipo de artículos triunfan en las redes sociales. Esto en parte me recuerda a los programas de corazón, ¿por qué hay a todas horas? sencillo, porque la gente los ve.
Vamos a rizar más el rizo, la siguiente pregunta lógica que se me ocurre es: ¿por qué retuiteamos estos artículos? Personalmente creo que es debido a que no leemos gran parte de los contenidos que compartimos. Si tenemos frente a nosotros un artículo cuyo título sea más rebuscado estaremos obligados a leerlo para saber de qué se trata, de si es interesante, si opinamos lo mismo,… en cambio en estos otros contenidos nos darán unas pocas pautas identificables por estar numeradas y en negrita, y que sus autores no se “mojarán” en la materia, por lo que no estaríamos apoyando ninguna idea disparada o que sea discutible.
El otro día escribí un tuit que resume lo anterior: “Al final es mejor publicar en #Twitter pocas cosas pero de calidad, que mucha información mediocre”.
El domingo por la tarde descubrí a través de unos de mis contactos de Twitter el hashtag #pelistuiteras, todo un despliegue de imaginación en el que cada usuario aportaba una “versión Twitter” de películas de los últimos tiempos. Si no lo habéis visto aún, os lo recomiendo para echaros unas risas.
A pesar de llevar tanto tiempo en este mundillo, a día de hoy me sigue sorprendiendo la influencia de las redes sociales y su potencial para conectar a personas en función de sus intereses. Muchas de las veces estas herramientas son usadas meramente como un arma de difusión de contenidos o de marketing, pero creo que no deberíamos olvidar que su origen está en la pura sociabilización. Claro ejemplo de ello es lo diferente que suele ser nuestro timeline en horario laboral y en el tiempo de ocio.
Volviendo al hashtag #pelistuiteras, he recopilado algunas de las películas que más gracia me han hecho, pero hay muchísimas más. Las pongo literalmente como fueron escritas por los usuarios:
Es una realidad que la sociedad va evolucionando a un ritmo mucho mayor que el cerebro humano pero, ¿hasta qué punto nos estamos adaptando a las nuevas tecnologías?
Hace unas semanas asistí a la presentación de un estudio de social media en el que mencionaban que el ser humano sólo tiene la capacidad de relacionarse de forma efectiva con aproximadamente 150 individuos. Se estaban refiriendo al número de Dunbar, una teoría de los años noventa que afirmaba que el neocortex cerebral sólo permite conocer datos, como quién es o cómo se relaciona con el resto, de un máximo de 148 personas.
Con la evolución de las tecnologías esta relación ha cambiado, o al menos se han añadido matices. Estoy segura que muchos de nosotros al ver este número habrá pensado: tan sólo en Facebook o Twitter sobrepaso de largo esta cifra. Tan sólo tenemos que comparar los primeros móviles, cuya memoria era tan escasa que teníamos que borrar números para añadir nuevos, y la cantidad de números que podemos almacenar ahora.
La pregunta es: ¿habremos adaptado nuestra capacidad para relacionarnos a la evolución teconógica? En parte sí y en parte no, las conexiones entre las personas han cambiado y contamos actualmente con muchos más medios para poder establecer nuevos contactos y poder mantener unas relaciones más constantes. Pero Dunbar se centraba en tribus y sociedades cerradas, quizás podríamos darle la vuelta a la tortilla y plantearnos que lo mismo no ha cambiado nuestra capacidad de mantener el contacto con un grupo de entre 100 – 200 personas, sino que hemos desarrollado la capacidad de relacionarnos con distintos grupos y separarlos por parcelas. Desde pequeños aprendemos a distinguir entre amigos del colegio, familia, amigos más cercanos, compañeros de actividades, del trabajo,…y un largo etcétera que va conformando nuestro cerebro en distintas franjas sociales.
En el caso concreto de las redes sociales, Robin Dunbar lo que argumentaba era que a partir de esa cifra necesitaremos por regla general normas más restrictivas. Las nuevas plataformas de comunicación son al final sistemas estructurados que ponen a nuestra disposición herramientas que facilitan la comunicación y el contacto, seguramente si Dunbar hubiera conocido las redes sociales en el momento de plantear la teoría hubiera incluido un punto dedicado solamente a este tema. Se trataría de espacios en los que podemos gestionar nuestra comunicación con los distintos grupos.
Otra de las hipótesis de este antropólogo era que al menos un 42% del tiempo se debía dedicar a la socialización. Con los nuevos avances tecnológicos esa cifra la hemos superado con creces, pudiendo llegar a más gente en menor tiempo.
Concluyendo, la teoría de Dunbar en menos de dos décadas se ha quedado algo obsoleta, debido en gran parte a la evolución tecnológica y a nuestra adaptación a la nueva distribución social.
En Twitter uno de los hashtags más conocidos pero menos utilizados es el de #gurú. En un principio se utiliza para denotar que la persona de la que se está hablando es una experta en la materia, aunque para mi gusto es un término un tanto exagerado.
La palabra gurú suele entenderse en la sociedad como un guía espiritual, una persona que conoce todo sobre el tema. En algunos campos este término podría tener mayor sentido, pero cuando se trata de algo tan reciente y subjetivo como el entorno Social Media bautizar a alguien con ese nombre sería como afirmar que la comida de nuestra madre es la mejor del mundo.
Aún así, entiendo que por un tema de halago algunos twitteros la utilicen. Lo que jamás lograré comprender es el caso de los profesionales que se denominan así mismos gurús, lo primero por un tema de humildad y lo segundo porque nos encontramos ante un sector que está en constante evolución y que tiene tantos matices que hacen que nadie pueda afirmar que tenga la verdad absoluta. Si os fijáis muchos de los que normalmente son considerados gurús al final tienden a basarse en deducciones bastante lógica, y que en la mayoría de los casos ni ellos mismo ponen en práctica. Esto me recuerda al gran refrán castellano que dice “dime de qué presumes y te diré de qué careces” .
Para finalizar quiero lanzar una reflexión: ¿un verdadero maestro de Twitter sería el que nos ayudara a conseguir muchos seguidores o el que nos enseñara a difrutar y sacar provecho a la herramienta?