En los últimos años he leído muchos artículos sobre cómo las redes sociales, y en concreto Facebook, están rompiendo amistades y relaciones de pareja. ¿Realmente es culpa de las redes sociales o se debe a que nosotros mismos estamos cambiando?
En tan sólo quince años hemos vivido un proceso tecnológico que ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con amigos, parejas, familia,… Internet avanza más rápido que nuestra capacidad de adaptación y eso puede pasarnos factura.
Antes era más sencillo, te llamo a casa para quedar y cuando estoy contigo estoy contigo, nada de actualizar la cuenta de Twitter, subir a Facebook lo bien que lo estamos pasando, distracciones de Whatsapp, checkins en Foursquare… Lo único que importaba era la persona que estaba delante.
Después aparecieron los foros de Internet, y poco después el móvil y el Messenger. Empezamos a hablar con máquinas: para cosas importantes SMS o llamada a partir de las seis de la tarde, y para hablar durante horas el Messenger. Las llamadas a fijos, las cartas escritas a mano o las horas en parques comenzaron a reducirse.
Además, en ese momento descubrimos el problema de la comunicación escrita: muchos malentendidos a pesar de llenar el MSN de emoticonos. Es cierto que había más discusiones por los estados en el messenger o mensajes de móvil, pero quizás el problema no era la tecnología o los mayores canales de comunicación, sino la desconfianza.
Después pasamos a la era Facebook. Sobre los cambios con esta red social podría escribir un libro. En Facebook ya sí que los malentendidos se multiplicaban: la típica pareja celosa por un comentario, las fotos que nos sacan los colores, recuperar contactos de años atrás, las frases con dobles sentidos,… Pero volvemos a repetir, todo depende de los ojos con los que se mire. Por ejemplo, una foto sacada de contexto puede pasar de ser graciosa a ser un motivo de discusión.
Pero si Facebook nos parecía poco íntima, mezclar relaciones, amigos, familia, contactos laborales y Twitter es infinitamente peor. Twitter es una red social pública y lo mismo puede leer un contenido tu madre que tu jefe, por lo que deberíamos tener mucho cuidado con lo que publicamos. Para esto deberíamos intentar por todos los medios que aquello que dejemos por escrito no pueda ser malinterpretado o pueda afectar a nuestras áreas personal o profesional.
Más que Facebook o Twitter, lo que más marca nuestro día a día es actualmente Whatsapp. Normalmente no solemos cambiar nuestro estado de Facebook ni escribir un tuit cada cinco minutos (si lo haces, empieza a hacer repaso mental a traumas de la infancia), pero en cambio en Whatsapp puedes tirarte horas conversando por escrito. La mejor prueba de ello es este cortometraje que seguro muchos habéis visto y repetido la frase “Whatsapp es Dios”:
¿Por qué puede pasarnos factura? El tiempo es limitado, si en lugar de tomar un café con un amigo o pasar una tarde con tu familia, lo dedicamos a cotillear Facebook, buscar contenidos para compartir en Twitter o ver cuándo se conectan nuestros amigos a Whatsapp, nuestra vida se reducirá a la nube y estaremos incompletos.
Con esto no quiero decir que hayamos ido a peor, sería una gran locura insinuarlo tan siquiera. La tecnología es algo muy útil que nos facilita nuestro día a día, si bien una máquina no debe sustituir el contacto físico, y la comunicación escrita debemos leerla con la mente en blanco. Si se hace un mal uso de las redes sociales, ¿es culpa de la red o es porque se nos ha ido de las manos?



